lunes, 12 de abril de 2010

Relación entre comunicación y educación


Por Jesús M. Herrera A.
Imagen obtenida de: http://www.pedagogia.es/wp-content/uploads/2007/11/educacion-a-distancia.jpg
Publicado en El Mexicano / LUNES 12 DE ABRIL DE 2010 / TIJUANA, B.C., p. 18A
Al hablar de educar se implica ineludiblemente el comunicar, ya que el educador tiene que ser buen comunicador de eso que quiere dar a conocer, de eso que como educadores sabemos que es importante transmitirle a los educandos.
Y entre comunicar y educar hay una relación analógica que intentaré tratar en esta ocasión, cuando se dice que hay que tratar el asunto analógicamente es porque vamos a ver qué es lo diferente entre una y otra actividad, no obstante la implicación (entre comunicar y educar) cuando el comunicar tiene como fin el educar.
Un tratamiento analógico de algo es pobre cuando se le considera sólo como de una “comparación”, insisto, lo importante de un proceder analógico, es para salvaguardar la diferencia, para dar un orden desde supuestos casi siempre antagónicos.  Y esta simple “comparación” de uso común, cuando se habla de analogía, está desgastada en la medida en que lejos de buscar la diferencia uno se pierde o se distrae al quedarse solamente colocando en paralelos las semejanzas.
El problema al que quiero atender, desde la analogía para relacionar comunicación y educación, es que estamos en un contexto en el que, desde una perspectiva conductista, se quiere dejar en un nivel paralelo el comunicar y el educar, cuando el primero es medio y por tanto relativo al segundo que es el fin, cuando se habla de la importancia de la comunicación en la titánica labor de educar.
Es cierto que tanto la educación como la comunicación dependen de un proceso, y un proceso que posibilita el acto de comunicación y el de educación es siempre algo inacabado, están por definición en continuo movimiento o evolución.  Ya cada escuela o modelo que relaciona comunicación y educación tendrá sus alcances, de manera que el proceso a veces se presenta más o menos mecánico (pero no es absolutamente mecánico).
En gran medida educar tiene que ver con enseñar, lo cual supone comunicar algo, pero educar exige ir más allá de enseñar o comunicar, o recibir lo comunicado; la educación se va dando en la medida en que el educando saca algo con lo que se le comunica, y por ello es que tanto en comunicar como en educar se hace presente un proceso.
Pero, ¿cuál es la mayor diferencia entre los actos de comunicación y los de educación?  La diferencia está en que si la educación y la comunicación tienen en común el ingrediente procesal, la primera trasciende el ámbito procesal.
Comunicar algo es poner algo en común, dar parte de algo; comunicar consiste en proponer modelos o paradigmas, los cuales tienen una función icónica o simbólica cuando construyen, pero también puede haber comunicación idólica o dia-bólica cuando los paradigmas que se ofrecen destruyen.
Es que el icono, siguiendo al filósofo norteamericano Charles S. Peirce (1839-1914), es algo que nos hace simbolizar, juntar, reunir fragmentos de algo, mientras que lo opuesto al símbolo es el dia-bolo, que significa, literalmente, lo que desune.
Y hay diferencia entre comunicar y educar porque educar es educir, hacer que el otro saque lo mejor de sí, que lo desentrañe; y para esto se exige que quien se educa no se limita a procesar lo que le enseñan o comunican, sino que educarse consiste en hacer suyo algo, de manera que esté siendo mejor, cosa que va más allá de que modifique una conducta, que es lo que tradicionalmente los modelos de comunicación alcanzan a ver.
Por esto es que educar tiene que ver con perfeccionarse como persona, y la perfección tiene algo claro en tanto que significa la consecución de la virtud, que previamente pasó por ser hábito; ya educar, pues, se ha visto que signifique hacer de la persona un sujeto virtuoso.
Ahora bien, ante el problema de la educación, que aquí y en otros lugares insisto en que no se puede comprender sino en términos de virtud, salta una discusión que todavía es actual, de si la virtud se puede enseñar o decir algo de ella, o si sólo se puede mostrar como un ejemplo, yo creo que en este asunto queda claro el hecho de la importancia de la comunicación para que sea efectivamente comunicativa.
Es que el problema no se refiere sólo a la virtud como sinónima de educación moral, sino que se trata del quehacer educativo en general (claro que, siguiendo a Aristóteles, si la educación no tiene como fuente y cumbre el cultivo de la eticidad humana, pues ésta, la educación, no tiene razón de ser), y en la medida en que al docente se le anda inventando tal o cual nombre (el que más se cuestiona es el de “facilitador”), o a veces yéndose por las ramas del papel del educador en la actualidad, pues se está poniendo en entredicho que la virtud y, por tanto la educación, de plano no requieren de la enseñanza.
Si bien es cierto que tal vez haya que debilitar la presencia del educador en el aula, porque hay que superar lo violento que alguna vez fue, en tanto que llegó a ser autoritario, y, según dicen, que educar sólo se entendía como memorizar, pues habría que ver en dónde está el límite de tal debilitamiento del educador (y su persona), de manera que se vindique una dignidad propia del educador.
Definitivamente que el educador ha de tener solvencia intelectual, hay que recuperar esa metáfora de que el que enseña sepa diez veces más que el que aprende (es que ya se ha llegado al absurdo de que el “facilitador” no tenga esa solvencia, y es algo que el alumno denuncia de diversas maneras).
Pero también ha de tener solvencia moral, que sea paradigma de vida.  La solvencia intelectual corresponde al decir, pues algo se enseña, sobre todo con actitudes, y la solvencia moral corresponde al mostrar, al dar ejemplo de lo que se enseña.
Pues bien, una auténtica comunicación tampoco se da sin las solvencias mencionadas, o, si se quiere, la comunicación dependerá de una personalidad fuerte a partir de la cultura moral e intelectual de quien pretende educar.  Me refiero a una educación que construye y sensibiliza por el bien común.
Por el contrario, ahora proliferan comunicadores incultos que se han hecho ya líderes sociales, yo considero que a consecuencia de que el educador no está siendo líder intelectualmente hablando, en la sociedad, dado que se ha hecho de la noción de “facilitador” un término equívoco (aunque haya nociones o conceptos ricos de lo que sea un “facilitador”), pues no se sabe bien a bien si el educador juega un rol propio en la sociedad en que se vive, y más allá de las paredes de una escuela.
El ser humano siempre ha necesitado líderes, y los necesitará, requiere de paradigmas de vida, de manera que ahora los encuentra en los comunicadores, a quienes ve como educadores.

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