martes, 30 de agosto de 2011

¿Debe suprimirse la filosofía en la educación?

 

Javier Prieto Aceves

Publicado en: El Sol de Tijuana, lLunes 22 de Aosto de 2011 Columna Malecón Aventurero, p. 2A

La insólita pregunta viene de que hubo intentos, hasta hoy fallidos, de suprimirla. Filosofía y humanismo parecen ser los objetivos de la reducción de los programas. Por otra parte, desde hace treinta años se han autorizado numerosas universidades privadas que, puestas a competir sin limitaciones, se vienen convirtiendo en falsos centros de educación. No basta adelgazar los programas para que las titulaciones sean más rápidas, además, se recortan los estudios mismos de las carreras y hay un afán desmedido de lucro que da por resultado que nuestros egresados, (¡en sólo tres años!) carezcan de una formación para la vida. Al mercantilizarse las carreras y suprimirse el humanismo y la filosofía quien viene pagando los platos rotos es la sociedad misma. ¿Qué puede esperarse de “profesionistas” que no aprendieron ni lógica, ni ética, ni filosofía, ni historia?

¿Qué más se intentará para agrandar la sociedad de consumo y disminuirle a nuestros contemporáneos hasta el derecho de pensar? Bajo el pretexto de conectar a las empresas que dan trabajos con la educación, los que sufren las consecuencias del bajo nivel son los educandos que tienen derecho a ella. Y con ellos, la población en general.

Mencionaremos muy elementalmente algunos aportes de la filosofía, pues nos negamos a que el mundo sea conducido a lo que algunos llaman “el fin de la historia”, o el sinsentido total. Ningún universitario debería ser indiferente ante el consumismo generalizado, seguido de la fabricación de idiotas en serie de la que se ocupan esmeradamente las empresas que distribuyen de manera monopólica las estaciones de TV concesionadas por el gobierno federal. Sus voces predominantes cantarán solas tratando de lavar cerebros en la próxima elección federal.

Grandes autores de la antigüedad y del Siglo pasado reflexionaron así sobre la sabiduría:

Cuando Anaxágoras se preguntaba qué hace preferible existir a no haber nacido, respondía: “contemplar los cielos y el orden total del universo” (Aristóteles, Ética Eudemia I, 5, 1216 a 13-14). Si es propio de sabios ordenar a un fin, también lo es contemplar el orden de lo que ya ha sido ordenado, sobre todo si se trata del orden de todo el universo. De ahí que afirme santo Tomás, al inicio de la Summa contra gentiles, que “el sentido de sabio, en su sentido pleno, se reserva para aquellos que se dedican a considerar el fin del universo, que es el principio de todo cuanto existe” (SCG I, c.1, n.2-3). Y hoy los grandes pensadores tienen que advertirnos:

v «Un mundo donde ya no hay más lugar para el individuo, para la alegría, para el ocio activo, es un mundo que debe morir. Ningún pueblo puede vivir fuera de la belleza. Puede, al máximo, sobrevivir durante algún tiempo. Y esta Europa, incesantemente, se aleja de la belleza. Por esto se agita y por esto morirá» Albert Camus, escritor del Siglo XX

v Por su parte, Václav Havel, político y autor del siglo XX propone como pista para comenzar a reconstruir la esperanza, partir de una revolución existencial, para una «reconstrucción moral de la sociedad; es decir, una renovación radical de la relación auténtica del individuo con el orden humano. Una nueva experiencia del ser, un nuevo enraizamiento en el universo, una reasunción de una responsabilidad superior, una renovada relación interior con el prójimo y con la comunidad humana: ésta es la dirección en que habrá que proceder”

Un artículo de Nieves García (Mujer nueva, página de internet) dice que para empezar la filosofía un profesor invitaba a los niños diciéndoles la primera clase: “Salgamos a la Calle”. Y repartía cuatro mapas para buscar un destino, pero sólo uno de ellos especificaba, cuál era el punto de partida, que es el que ayudó a encontrar el punto de llegada. Eso hace, por supuesto la filosofía. Y la buena filosofía no parte del idealismo hegeliano que todo lo mira como relaciones de oposición. No, no necesariamente todas las relaciones lo son. Falsos dilemas de hoy son, por ejemplo, “o trabajo o matrimonio” “o ganan los varones o ganan las mujeres”. Es posible, pensando bien, encontrar puentes que incluyan trabajo y matrimonio y hombres y mujeres complementándose en un buen matrimonio. No hay soluciones únicas ni simplistas. El mundo y la vida son más complicados que eso. Concluye la autora invitando a preguntarnos, antes que nada, cuál es nuestro punto de partida.

El filósofo mexicano Mauricio Beuchot, ha abierto los ojos y los oídos a muchos lectores de filosofía que lo admiramos, propone que nuestro conocer es analógico. Buscar en la filosofía los fundamentos absolutos del ser; pero también, reconocer, que no podemos agotar todo el conocimiento. Por lo tanto, nuestro conocimiento es analógico: los pocos principios y saberes fundamentales que son el saber FUNDANTE para nuestra vida, no son absolutamente diáfanos, pero tampoco se diluyen en la atomización de un relativismo total. Hay pues posibilidades de una metafísica (y de una ética) analógica que está entre lo unívoco y lo equívoco, pero que es suficiente para conocer con buena lógica y con buena teoría del conocimiento. Ha de partirse de la realidad, de lo universal; y aterrizarse en lo individual. Teoría y práctica relacionadas. Abstracción que surge de lo concreto y sensible, que mantiene unidos pensamiento y realidad. Un sano realismo cognoscitivo y metafísico (Cfr. Hernández Flores, Guillermo Propedéutica a la Filosofía de Mauricio Beuchot, Universidad Autónoma de Puebla, 2010, Puebla).

Como seguidor de Santo Tomás de Aquino, Beuchot quiere en su obra “un pensamiento vivo por la virtualidad contenida en sus principios y tesis más básicas y por la aplicabilidad de éstos para explicar los fenómenos actuales, los acontecimientos, movimientos y procesos de nuestra época”(Hernández Flores Cfr. Ibid.) Penetra la realidad hasta sus principios y señala caminos de aplicación práctica. Va de lo empírico y llega a los principios que, aunque universales, vienen contrastados por la realidad histórica de cada momento y con base en ella se enriquece esa comprensión de principios. Se enriquecen al contrastarlos de la Teoría a la praxis. Se trata de filosofemas logrados con un gran rigor que les da consistencia racional y que, al revés de muchas ideologías de moda, resisten el diálogo y la crítica. La actitud de esta filosofía es siempre dialógica desde su inicio hasta su final.

No en balde una comunidad filosófica nacional dirigió una protesta contra la Secretaría de Educación por el pretendido intento de desaparición de la filosofía en los planes y programas de estudio. Hay una globalización con intenciones y efectos perversos. Dicen los profesores que suscribieron el manifiesto de protesta de 2009 que:

“La enseñanza de la filosofía implica el desarrollo de una formación personal que tiene como resultado la constitución de ciudadanos con un pensamiento crítico, autónomo y reflexivo”. …que hace a los jóvenes conscientes de sí mismos y del mundo en que viven y les permite una verdadera educación en valores frente a la corrupción, la desigualdad extrema, la discriminación y la ignorancia”.

Concluyen los profesores diciendo que la educación no puede ni debe centrarse en el adiestramiento práctico-utilitario. Que centrar la formación estudiantil en el productivismo lleva a la destrucción de los sistemas ecológicos, la automatización y sus efectos, la desigualdad, la crisis de valores y la transición hacia una nueva figura del mundo.

Considero que todos debemos oponernos contra la marginación y desaparición de la filosofía y del humanismo, en general, de la formación básica de nuestros estudiantes.

 

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