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jueves, 9 de abril de 2009

¿Por qué es importante el estudio de María en la iglesia católica?



Publicado en diario El Mexicano, Lunes 16 de febrero de 2009, Tijuana, p. 8A.
Por Jesús M. Herrera A.

La disciplina teológica que estudia a María, la madre de Jesucristo, es la Mariología, y es muy importante el estudio serio y sistemático de esta parte de la Teología. Sólo así podremos ir más allá de una percepción piadosa y subjetivista de María; hay que buscar, pues, la verdad teológica de que la respuesta que María le da a Dios es determinante en el acontecimiento pascual, por el que Cristo nos trae la Redención, y con el que Dios culmina su Revelación dándosenos a conocer plenamente.

Una percepción puramente piadosa de María puede ser peligrosa porque hacemos de Ella una maga, a quien le solicitamos que nos alcance un milagro; y una percepción subjetivista de María significa, por ejemplo, que cada quien interprete cualquiera de los cuatro dogmas: maternidad, virginidad, inmaculada y asunción sin preocuparse, por lo menos, de la etimología de esas palabras, de un significado mínimo de esos términos que seguido escuchamos.

Y preocupados por lo anterior podemos aprovechar la enseñanza de Juan Pablo II en su Finalidad y método de la exposición de la doctrina mariana, por poner un ejemplo de las muchas obras que nos ayudan a abordar el tema de María en la vida de fe.

De la siguiente exposición tenemos que hay cuatro temas (que podrían ser más, aquí menciono sólo cuatro que me parecen capitales) a la luz de ese texto que citamos, lo más importante es que estos tópicos son fundamentales para abordar el estudio de María en sentido teológico; y esos cuatro yo los veo como divididos en dos aspectos, puesto que los dos primeros se refieren a lo fundamental de María en la fe cristiana, mientras que los dos segundos aparecen como la parte de la Mariología que busca reivindicar la comprensión que tiene María en la vida de fe del hombre contemporáneo, se trata de una reivindicación que urge en estos tiempos que tienden mucho a relativizar y a descontextualizarlo todo, lo cual también se ve que ocurre en la persona y el puesto cristiano de María en el acontecimiento salvífico.

Entonces a continuación los cuatro elementos que exponemos, orientándonos por el indicado mensaje mariano de Juan Pablo II, presentado en su audiencia del miércoles 3 de enero de 1996:

1. Encarnación, i. e., que Cristo es Dios hecho hombre: La Virgen tiene una misión en el Misterio de la Encarnación. Puesto que si prescindimos de la Virgen María el acontecimiento por el que Dios es verdadero hombre no tiene una referencia humana de dónde partir, y es que evitando cualquier antropomorfismo exagerado o ingenuo, “el papel de María en la historia de la salvación está estrechamente unido al misterio de Cristo y de la Iglesia (…)”, de manera que en María encontramos cómo es que Dios ha caminado en la historia de la humanidad, en esto María es una referencia fundamental.

2. María es el prototipo y paradigma de persona cristiana: Hay una enseñanza y un compromiso que se desprende del testimonio de María, pues ella se ha presentado como primera cristiana, porque vemos ese (fiat) por el que recibe a Cristo en la totalidad de su ser. Y es que hay una “acogida y atención” que el creyente le da a Cristo, y sigue siendo María el paradigma de recepción y escucha, para iniciar el camino de la mistagogía y la opción fundamental por Cristo.

3. Hay que tener una correcta comprensión equilibrada de María: evitando que sea “maximalista” o “minimalista” la observación o atención que le pongamos a la figura de la Madre de Jesús, esta prudencia es la que nos sirve de orientación para dar una respuesta vivencial de fe cristiana desde la piedad mariana. Cualquiera de los dos extremos, uno que endiosa a María, y otro que no salvaguarde su santidad al punto de marginarla de la actividad salvadora de Dios, nos deja sin el primer testimonio de virtud cristiana que en Ella se da, y es vital para los retos que el cristiano ha de enfrentar para ser luz del mundo y sal de la tierra.

4. María es maestra de vida virtuosa y plenitud existencial: puesto que “«En la Santa Iglesia [María] ocupa el lugar más alto después de Cristo y el más cercano a nosotros»”. En María está el testimonio humano que tanto busca el hombre contemporáneo para saber manejar sus límites: los del mal y la muerte. Y es que son límites que se quieren olvidar en una cultura tan seducida por el hedonismo, y es precisamente María quien desde la fe comparte la pasión de Cristo (como cualquier madre comparte el sufrimiento y la muerte de un hijo), también hace suyos nuestros límites, mostrándose tan cercana a nosotros, sus hijos; de esta manera la mariología encuentra una dimensión eucológica y auténticamente espiritual; se trata (la mariología) de una asignatura teológica que de una manera muy original (y particular), e ineludible, exige ir más allá del ámbito especulativo para llegar al vivencial.

Concluyo reiterando que el estudio de la Mariología, en el terreno de la teología católica es de vital importancia; y en esta ocasión que estas líneas sirvan para tener una idea del porqué es que urge el acercamiento al conocimiento serio de María. Aquí, por lo pronto, ya referimos un documento muy rico para que sea revisado, es fácil obtenerlo en internet.

lunes, 9 de febrero de 2009

De Santa Claus a Nicolás de Bari: hacia una mirada católica de Santa Claus

Publicado en diario Frontera, Lunes 1 de diciembre de 2008, Tijuana, p. 17A.
Por: Jesús M. Herrera A.
Ya cuando estamos muy próximos a celebrar la navidad es Santa Claus quien se adelanta a advertirlo; creo que este personaje se le adelanta a la Iglesia a que todo mundo se prepare para la navidad, o mejor es decir que la gente se prepare para las compras de la navidad; sabemos que hay que cuidar que el empeño por las compras no perviertan, o simplemente marginen de nuestra vida de fe la del Misterio de la Encarnación de Cristo.
Unos satanizan a Santa Claus (concedamos que de buena fe) porque saben que puede deformar el significado de la Navidad, en cuanto a que quita de la fiesta a los Sabios de Oriente, sabios que a la luz de la Biblia y del Magisterio, nos enseñan magníficamente la divinidad y la humanidad de Jesús; y otros ya no lo satanizan, sino que lo veneran en perspectiva secularizada (o pagana como se decía antes), lo cual actualmente implica que acrítica y hasta ingenuamente el santo del vestido rojo en el aparador realiza el milagro de hacer sentir que necesitamos algo, y lo compramos.
Entonces hay que buscar una salida intermedia, lo cual exige superar una falsa piedad de la Navidad, en donde ahora es ineludible la presencia de Santa Claus. No se mal entienda esa salida prudencial o intermedia como el no estar de alguna manera en uno de los dos lados, pues hay que saber tomar una posición.
El obispo Nicolás de Bari o Nicolás de Mira (S. IV) es quien se secularizó como el Santa Claus de los aparadores, se ha dicho que si antes se cristianizaban las fiestas paganas, hoy se paganizan las fiestas –y los personajes– cristianos, lo cual consiste en quitar lo sagrado para dejar en su lugar lo secular, por ejemplo le quitan a San Nicolás la mitra y le colocan un gorro invernal.
Y esta posición intermedia o prudencial nos la puede conseguir San Nicolás, por varias razones, como es el amor que le profesó a los niños; mas una razón que aquí quiero destacar es el hecho de que, según algunas de sus biografías, nuestro obispo también se opuso a la herejía arriana, la cual niega que Cristo sea Dios; y lo que festejamos en Navidad es el nacimiento del Niño Dios, así, en gran medida lo que implica la Natividad de Cristo es creer en Jesucristo como Dios, y este reconocimiento es siempre pertinente y oportuno, porque de ello depende la actualización de la Natividad de Jesucristo.
Ahora, frente a la ineludible presencia de Santa Claus como uno de los dioses del mundo del neoliberalismo económico, Cristo puede pasar a significar una leyenda más de tantas que tenemos en el calendario cívico, que implican asueto y fiesta en familia, es una manera de insistir, pues, en la herejía arriana, cuando Santa Claus no nos permite recordar el Nacimiento del primogénito de Dios.
Es mejor que profundicemos en el significado del Misterio de la Encarnación de Cristo mediante las virtudes de San Nicolás, pues en gran medida el conocimiento superficial y superfluo de la Natividad es lo que impide pasar de Santa Claus a Cristo, luego, entonces, Santa Claus usurpa el lugar de Jesucristo, cuando lo que sabemos de la Navidad no ha superado una perspectiva pueril y/o fantasiosa. Perdón, pero esta perspectiva pueril y/o fantasiosa de la Navidad está también en muchos que satanizan a Santa Claus.